De «que la Fuerza te acompañe» a «se acerca el invierno», las series y películas ya no sólo cautivan nuestras pantallas, sino que invaden regularmente nuestro vocabulario. Las expresiones nacidas detrás de una pantalla se infiltran sutilmente en nuestras conversaciones cotidianas, transformando nuestros códigos lingüísticos y desafiando las barreras culturales. He aquí un fenómeno tan fascinante como inevitable.
Nuestro lenguaje, moldeado por nuestra educación y nuestras interacciones sociales directas, está experimentando ahora una revolución implícita. La familia, los libros y la escuela, pilares tradicionales del aprendizaje de idiomas, comparten ahora su influencia con un nuevo actor: los contenidos audiovisuales.
Los datos son sorprendentes: en 2022, los niños de 0 a 2 años ya pasaban más de 3 horas al día delante de una pantalla. Este tiempo, que aumenta con la edad, moldea nuestros sistemas cognitivos y lingüísticos, más aún con la presencia exponencial de las plataformas de vídeo a la carta en nuestras vidas.
Esta inmersión expone a los espectadores a una plétora de expresiones, entonaciones y acentos, a menudo de culturas distintas a la suya. Es un entorno sin precedentes en el que el lenguaje audiovisual se ha convertido en el nuevo modelo de referencia para toda una generación.
Si bien el cine ya llevaba décadas ejerciendo esta influencia, la llegada de las redes sociales ha multiplicado por diez el fenómeno: una simple frase puede, en cuestión de horas, ser recogida por millones de internautas de todo el mundo, lo que demuestra el increíble poder de los medios de comunicación sobre nuestro patrimonio lingüístico.
No se le habrá escapado, pero muchas frases han traspasado la pantalla para convertirse en parte del lenguaje cotidiano. Desde El mandaloriano hasta Stranger Things y El Trono de Hierro, frases como «este es el camino», «un amigo nunca miente» y «no sabes nada, Jon Snow» se utilizan habitualmente fuera de su contexto original.
El humor televisivo también ha dejado su huella en nuestro léxico contemporáneo, con Schitt's Creek popularizando la expresiva «puaj», y Letterkenny espoleándonos con su «¡Ándale, ándale!».
Más que un simple enriquecimiento léxico, estas expresiones pretenden a veces convertirse en pequeñas filosofías de la realidad, como cuando Ted Lasso, en la serie epónima, repite «sé un pez dorado», animándonos a seguir adelante tras un fracaso.
Una influencia que finalmente puede extenderse a nuestra propia visión del mundo. ¿Nos seduce el cínico «la democracia está sobrevalorada, ¿no crees?» de Frank Underwood en House of Cards, o sentimos un estremecimiento de emoción ante el Joker y su famoso «abre la puerta a la anarquía» en Batman: El caballero de la noche?
Más allá del vocabulario, las series de televisión y las películas también evocan ciertas formas de hablar, popularizando acentos y entonaciones. Mare of Easttown, por ejemplo, ha puesto de relieve el acento específico de Filadelfia, mientras que producciones británicas como Peaky Blinders han dado visibilidad mundial a los acentos de Birmingham.
Aparte de las simples peculiaridades regionales, destacan otros fenómenos, como la tendencia a la africación (del latín affricare, «frotar contra»), que ha ido creciendo entre los adolescentes desde 2010, impulsada por la cultura pop y las redes sociales.
Esta normalización de los acentos por parte de los medios de comunicación atestigua la naturaleza fundamentalmente orgánica de nuestra lengua, moldeada por su entorno cultural.
De la pantalla a la calle, las producciones audiovisuales están trascendiendo su condición inicial de mero entretenimiento para convertirse en auténticos laboratorios lingüísticos, influyendo simultáneamente en nuestro vocabulario, nuestra pronunciación y nuestra forma de hablar. ¿Quién sabe qué expresión invadirá mañana nuestras conversaciones?
_
#InfluenciaLingüística #RéplicasCultas #Interpretación #Traducción #CulturaPopular