Gestionar el silencio, las expresiones de cortesía, el lenguaje corporal en el trato con los interlocutores extranjeros... Dada la amplitud de las complejidades culturales, dudamos que lleguemos a dominarlas todas, por eso es tan importante dar a la comunicación intercultural un lugar propio dentro de la empresa. He aquí algunos consejos para operar con tranquilidad en un mundo abierto a los cuatro vientos.
¿Se da cuenta de que actitudes tan sencillas como ponerse la mano delante de la boca al bostezar, no evitar la mirada de los demás o utilizar el humor en segundo grado están directamente impregnadas de su cultura de origen?
Al igual que un intérprete profesional no se limita a traducir frases, sino que adapta el mensaje al contexto cultural, es fundamental tener la curiosidad de adaptarse a sus interlocutores extranjeros, aunque sólo sea para decir «hola».
¿Debemos abrazar o inclinar la cabeza? ¿Llamar a alguien por su nombre de pila o empezar con un formal «Estimado señor / Estimada señora»? Una simple fórmula de cortesía en un correo electrónico o una forma de saludar en una reunión pueden variar mucho de una cultura a otra e influir en la percepción del mensaje.
Una mentalidad abierta y la escucha activa son bazas importantes para evitar malentendidos.
Por supuesto, hay que tener cuidado de no reforzar las visiones estereotipadas, y por tanto distorsionadas, del comportamiento. No obstante, es probable que una broma inofensiva se reciba de forma diferente según se esté en Taiwán, Dubai o Brasil.
Por eso es esencial adoptar una postura de aprendizaje continuo, permaneciendo atento a las señales verbales y no verbales de sus interlocutores.
Las culturas evolucionan, y las expresiones lingüísticas también. Por eso es esencial mantenerse al tanto de la evolución sociocultural de los mercados en los que trabaja.
Hay formas muy sencillas de hacerlo. Ver películas o series de televisión extranjeras es una excelente manera de conocer nuevas alteridades y aprender coletillas.
También se organizan cursos de formación, sobre todo en multinacionales y ONG. Expuestos a alianzas, empresas conjuntas y otras asociaciones, se han dado cuenta de que la sinergia en las relaciones humanas a escala internacional es una inversión altamente estratégica.
Dicho esto, si bien es posible descubrir la existencia de culturas complejas en el espacio de unos pocos días, su verdadera comprensión sólo puede lograrse, una vez más, con el tiempo.
Por último, cuando surge un malentendido a pesar de sus precauciones, lo mejor es adoptar una actitud humilde y explicar las diferencias culturales de forma comprensiva.
En interpretación, a veces es necesario reformular en mensaje para evitar malentendidos. En la traducción, puede añadirse una nota explicativa para contextualizar ciertas referencias culturales o idiomáticas que puedan inducir a confusión.
En marketing, una marca puede cambiar de nombre según el país, o al menos adaptar su eslogan para evitar connotaciones negativas. Pepsi lo experimentó en China, donde la traducción de «Come Alive with the Pepsi Generation» se interpretó como «Pepsi trae a tus antepasados de vuelta de la muerte», lo que puso fin a la campaña publicitaria.
Y los ejemplos son interminables: en recursos humanos durante una entrevista de trabajo internacional, en atención al cliente, en el entorno hospitalario, en diplomacia, en hostelería, etc.
En resumen, la comunicación intercultural es un arte que va mucho más allá de las palabras. Es una habilidad viva, alimentada por la curiosidad, la adaptabilidad y el respeto a las diferencias. ¿Y para los profesionales de la lengua? Es una clave esencial para destacar en su profesión.
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